viernes, 16 de mayo de 2008

¿Lo harías? (Deseos IV)

Oigo ruido, será ya la hora del desayuno. La misma rutina de cada día, primero la alimentación, después el baño y luego sesión de lectura, otra vez comer, siesta, visita, paseo y luego a dormir para descansar del ajetreo del día.

Lástima que la comida apenas sea una especie de puré que me inyectan directamente en el estomago; no saber si estoy comiendo ese filete que tan bien le quedaba a mamá o esas verduritas a la brasa que papá preparaba como nadie. Haber olvidado el sabor de las migas de pan, del emboque de ese vino que nos habíamos tomado en medio de la montaña con Ana. No recordar lo que es tragar un pescado o una salsa picante, ni tan siquiera poder imaginar lo que es beber agua.

El baño estaría bien si quien me lavara fuera Ana y no el enfermero de turno, era mucho más atractiva Ana, esos pechos pequeños pero sugerentes y turgentes que me volvían loco con sólo intuirlos. Mataría por poder volver a tocar su piel, aunque la verdad es que mataría por acariciar cualquier piel, porque mi mano pudiera moverse de sobre la sábana y desplazar su piel y sus huesos y depositarse sobre otra piel y otros huesos y acariciarlos, hacer que se erizara con el simple contacto de las yemas de mis dedos. De estremecerme por poder sentir de nuevo la sensación de generar algún otro sentimiento que la compasión.

La tortura principal es la sesión de lectura, ¿cómo hago para decirle que ese libro no me gusta?¿qué prefiero el silencio a oír su voz astillosa arrastrando las “s”?¿cuándo se dará cuenta que nada de lo que pueda leerme me devolverá al pasado que es el único lugar donde quiero volver?¿por qué se empeña en decirme que así volamos a otros mundos y viajamos en el tiempo?¿no se da por aludido cuando cierro los ojos al abrir el libro?, tonto de él todavía piensa que lo hago para concentrarme mejor… nunca me soporté a Saramago me gustaría gritarle pero las palabras se me atragantan en las cuerdas quedando atrapadas en su silencio, aunque pase aire entre ellas ya nada las hace vibrar como antes…

La comida para olvidar como el desayuno y la siesta ¿qué puedo decir? Si estuviera cansado como cuando trabajaba, si durmiera poco por trasnochar, si acudiera a todos y cada uno de los estrenos a los que me invitaban si necesitaría una siesta pero ahora… ¿de qué me sirve? Para que mi mente me recuerde en sueños, una y otra vez, como era mi vida de antes, lo que tenía y ya no tengo, lo que era y en lo que me he convertido, en el vegetal en que se han transformado mis articulaciones, mis extremidades… las mismas que antes podían correr un maratón en poco más de dos horas y media y ahora son incapaces de empujar un triste pañuelo con los dedos de los pies… No tengo sueño, no tengo sueños y aún así me obligo a cerrar los ojos, a veces es mejor ver la oscuridad que los ojos de quien me acompañan, descanso así de ver tristeza en sus pupilas.

El paseo diario sirve para recordarme lo vivo que está todo en comparación a lo muerto que yo estoy. Gritos, risas, cabellos al vuelo, carreras, ojos brillantes, palabras de arrullo, de cariño, de ánimo, de despedidas… me recuerdan lo que soy, un preso en su carcel de huesos y piel. Imposible moverse de aquí, no hay conexión, estoy vivo y muerto a la vez.

Y las visitas, mamá y papá, nadie más no nos engañemos… sus ojos y sus palabras lo dicen todo, tristeza es lo único que transmiten pero que otra cosa podrían hacer cuándo les dicen que su hijo, el único que tienen, está atrapado dentro de su cuerpo, que nunca se recuperara, que entiende, oye, ve, siente todo lo que pasa a su alrededor pero es incapaz de transmitirlo y comunicarse con el exterior. Síndrome del cautiverio lo llaman y yo lo llamo estar muerto en vida y es por eso que quiero morir, quiero ser libre de nuevo, dejar de ver esa tristeza en aquellos que lo dieron todo por mi en algún momento, dejarles seguir con su vida sin tener que cargar conmigo, con un vegetal que lo único que pueden esperar de él es que se vaya marchitando… que menos que adelantar el trabajo… pero ni eso puedo hacer, dependo de alguien de buena voluntad. Ellos no lo entienden ¿lo entiendes tú?¿lo harías?


Texto: Dsdmona

4 comentarios:

Juanjo dijo...

No lo sé... pero estos trocitos de vida me hacen reflexionar. Un beso.

Belisker dijo...

Me he leído las cuatro de golpe y cada una explora una parte de la vida de forma tan viva, que te ves reflejada, aunque no hayas vivido esas situaciones.
Un beso,

lito dijo...

Vaya para estar sin neuronas creas buenos relatos cortos. Un saludo.

Lludria dijo...

No sé qué haría. Sé que X teme precisamente algo así, yo, también.
Estoy disfrutando de lo lindo este aperitivo de día festivo ;)